Ella, fue la toalla que arrojan al ring,
la oportuna campana,
la cuenta de protección,
cuando se daba por vencido.
Rendido y desarmado
-como aquel ejército-,
esperaba solo,
solamente esperaba,
a un lado del camino.
Surgió, de entre el sonido de un tren que ya se iba.
Tal vez, el último en pasar por su apeadero.
Le apresuró, el argumentaba cobardía y cansancio,
ella, coraje y fuerza...lo cogieron.
...ahora vive en su casa,
se acuesta en su cama,
utiliza su peine,
se mira en su espejo,
le deshace el poema,
disimula sus canas.
Ni quiere,
ni deja,
que se haga viejo.

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Bravo por ella, que nunca permita que se haga viejo, al amor le está prohibido envejecer.
ResponderSuprimirHermoso, como todo lo que sale de tu pluma.
Abrazos muchos, muchos.
No todos llegan a tener esa suerte. Buen poema, como siempre.
ResponderSuprimirSaludos, y un abrazo.
"... le deshace el poema"
ResponderSuprimirEso por lo menos tiene que ser amor...
Abrazos ;)