lunes, 11 de octubre de 2010

Una copla.

De cuanto le esperó, ya, ni se acuerda.
Ni de como pasó las madrugadas,
las horas de balcón de aquel invierno,
lo que duele el amor, cuando se espera.

Los ceniceros llenos de impaciencia,
el móvil con toda la cobertura, las
botellas del vino de la ausencia, que
borraban del todo la cordura.

Y como si de Penélope se tratara,
sin banco, sin andén, sin abanico,
cambiando la estación, por una cama,
grande como el desierto, en un pasaje bíblico.

Los recuerdos abrían en su mente,
una sesión privada de diapositivas,
que iniciaba y cerraba el subconsciente,
hurgando en lo mas hondo de todas las heridas.

De cuanto le esperó, ya, ni se acuerda.
Dejaba el corazón en cualquier parte,
si la noche prometía algo de olvido,
de mentiras piadosas, pero tiernas.

Los amaneceres, eran mentira,
las caricias prestadas, tan extrañas,
nada como el calor de su sonrisa,
de sus besos de sol, cada mañana.

Y el tatuaje gemelo que se hicieron,
en una calle, cerquita de las Ramblas,
como canta la Piquer... “a fuego lento”,
se le borró del pecho y le quemaba el alma.


Fotografía, Fab Llanos.


4 comentarios:

  1. Hoy me dejas sin palabras, simplemente observo los tatuajes que dibujó la vida y las compresas con las que intento, refrescar el alma.

    Intenso poema que a más de uno toca...

    Abrazos

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  2. Y duele cuando se espera en el balcón y lo que ves pasar es lo imposible y lo que se insiste a pesar de ello...
    Pero hay tatuajes con tinta de tu poesía que son indelebles porque queman
    Besazos tatuados

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  3. Como duele, los bancos de las estaciones lo saben, y las horas,y las mañanas...

    Precioso, y nostálgico... bello.

    un beso.

    aloe,

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  4. Yendo de blog en blog, llegué al tuyo y me sorprendió lo que leí, especialmente esta copla. Me quedo con unos versos tiernos, pero tremendos:

    "Dejaba el corazón en cualquier parte,
    si la noche prometía algo de olvido,
    de mentiras piadosas, pero tiernas"

    Volveré a visitarte. Un saludo

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