sábado, 28 de agosto de 2010

Casi siempre en verano.




















Micaela, hizo un altar, con tu foto y un escrito, que tuvieron a bien enviarle.
Una escusa podrida, un escueto relato, del que recuerdo el final:..."así pues, damos a su hijo, desaparecido en combate".


En casa, y casi siempre en verano,
los mayores hablaban con rabia del Ebro,
de biberones y quintas, de una última carta...yo no entendía nada.


Ayer, otra vez en verano, los que quedan de entonces, refugiados esta vez en el vino, vivos como rojas rosas, se veían con fuerzas, para excavar con sus manos, tu cada vez más profunda fosa.













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