jueves, 8 de julio de 2010

Cada quince minutos.

Ella, era la clásica muchacha arrogante de la city ,

sus delirios de grandeza, su posar a lo Mae West

y ese " mirame y no me toques" , tan característico en su especie.


El, era el clásico muchacho enamorado,que le sabía el punto débil,a la clásica muchacha arrogante de la city.


La memoria de la muchacha, era como la de un pez afectado por alzehimer,situación que el muchacho aprovechaba cada quince minutos,para recordarle quien era y lo que le amaba.

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