sábado, 23 de enero de 2010

Llegué tarde.


El día del reparto de cerebros, caras y consciéncias...llegué tarde.
El correspondiente a las verguenzas, dignidades y esas cosas...llegué tarde.
Repartían intuiciones, formalidades y destrezas...llegué tarde.
A la cita con el fiel de la balanza...llegué tarde.
Al destino prefijado, al deseo, a la promesa inquebrantable...llegué tarde.
Cuantas veces, ni llegué.

2 comentarios:

  1. Hola Txema,
    Yo siempre digo que cuando llegamos tarde, ni oyemos misa ni comemos carne, y casi siempre es porque estamos en misa y repicando.
    ¿Conoces el refrán?

    Un abrazo,

    Isabel

    PD.:
    Por cierto, la canción de Algo contigo es una de mis preferidas, viví una situación parecida. ¿Has escuchado la versión flamenquilla de Rosario? Le da un aire menos triste.

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  2. Oye me ha encantado tu expresión de "por ellas dejaría hasta el tabaco" Yo por mi hijo, también lo dejaría". Comparto tus mismos intereses y alguno más, excepto los de la caixa que en mi caso suelen ser a favor de ellos casi siempre.

    Y desde luego la libertad es la máxima por qué sin ella ni el amor compensa que debiera ser lo más de lo más.

    Uf! Nunca soy breve, chico por eso cultivo el micro, como una autodisciplina.

    Isabel

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