viernes, 4 de diciembre de 2009

El hombre del piano.

Las notas de Perfídia, de una Perfídia versión libre y un tanto ebria, salían a la plaza desde el fondo del bar. El amarillo nicotínico de las teclas y la cerveza, tenían a Juan tan absorto, que muy poco le importaba como sonara aquel bolero, ni ese , ni el resto de obras maestras que sucesivamente fué desgarrándole al piano aquella mañana.

-Buenos días, Juan.
-Txema, querido Txema, no sabés lo que me ocurrió recién.
Me levanté esta mañana con la idea en la cabeza, de que era sábado viste y me puse a guisar empanadas para los chicos de las paradas de la catedral, que siempre me las compran y hoy es jueves Txema, es jueves, ¿como pudo sucederme eso?,¿como me comí dos días en la semana?.
-Pero Juan, a mi me ocurre muchas veces, creo que es martes y es miércoles.
-Si, pero no dos días Txema, me salté dos días y sabés lo que es eso, la ansiedad Txema, eso es la maldita ansiedad que me despierta en la noche, que me hace soñar con las cárceles argentinas y no me deja dormir, fué terrible aquello.
Como envidio a la gente joven, que duerme y duerme sin memória.
¿Querés una empanada?, tendré que tirarlas, hoy las hice con harina integral.
-Gracias Juan, oye te pido otra cañita y continuo con lo mio.
-Txema, vos si que sos bueno.

Le deje, intentando recuperar a Alfonsina del agua profunda...


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